Evidentemente la vergüenza es algo muy personal. Por ejemplo, yo nunca sentiría vergüenza por no ser correspondida como cuenta Gaby. Seguramente estaría triste, o más probablemente resentida, destilando veneno hacia ese idiota que no me supo ver. Pero me parece que el solo hecho de confesar un desamor habla de mucha valentía. Muy por el contrario, yo me lleno de vergüenza cuando registro mis episodios de cobardía, esos que me llevan a mentirme a mí para negar lo que soy o a los demás para que crean que soy mejor a mi versión real. Acá van algunos ejemplos de mi inventario de bochornos íntimos:
1- Retomando el issue de Gaby, cuando es evidente que con un caballero no hay la reciprocidad deseada yo enciendo la maquinaria de los autoengaños y me convenzo de que me tiene miedo, que lo apabullo con mi carisma, que se siente poca cosa para mí. Pero lo más patético y avergonzante es un mecanismo que desarrollé de adolescente y no puedo abandonar. Se podría decir que directamente construyo una realidad paralela a mi medida. Pongo en random uno de esos CDs compilados de canciones no aptas para diabéticos de tan insoportablemente melosas o una de esas radios para tortolitos primaverales tipo Blue, y me digo a mi misma: "El próximo tema me lo dedica Fulanito". Pongamos que suena She de Elvis Costello y yo me aseguro tres minutos de romanticismo y satisfacción absoluta. Pensamiento mágico y onanismo emocional para egos marchitos. Tristísimo, ya sé.
2-Dentro de la segunda categoría de pudores, están los que me despiertan los engaños para con los demás. Es tétrico ver como me disfrazo de otra que supongo mejor que yo aun cuando los demás no me lo piden. Un ejemplo concreto: varias veces me sucedió de salir con muchachos de poco comer, característica que no comparto para nada. Entonces supongamos que estoy en una primera cita, y el chico se pide tres empanadas. Yo usualmente me como cinco o seis, pero como soy una lady y no quiero impresionarlo como una puerquita atracona, me pido dos. Cuando vuelvo a casa, asalto la heladera desesperada y me como media pizza fría del día anterior, un paquete de galletitas y para no sentirme tan pesada, un postrecito Ser. Vergüenza indigesta por el atracón.
3-Y por último, y para que vean que esto de la terapia aceitó en mí el mecanismo de la asociación, voy a hacer una confesión avergonzante vinculada al tema anterior: la rivalidad femenina. Ya expliqué que soy muy competitiva y que quiero toda la atención. El otro día, cuando ví que Gaby, aun con su bajo perfil tenía más comments que yo, me dio un ataque de envidia y me saqué un usuario alternativo para firmarme mis propios posts. No lo hice. Esta vez la vergüenza no me dejó.
Mostrando entradas con la etiqueta lo que nos da vergüenza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lo que nos da vergüenza. Mostrar todas las entradas
4.10.08
30.9.08
Lo que me da vergüenza
No sé si Alicia se inspiró en lo que contó Natalia en su último post, pero lo cierto es que la nueva consigna que nos pasó fue contar algo que nos dé vergüenza, algo que hayamos hecho que nos dé vergüenza.
Yo no tengo tanta facilidad como Nati para describirles toda una historia y me cuesta mucho hablar de lo personal, así que seré lo más concreta y sintética posible.
Me da vergüenza estar enamorada. Me da vergüenza seguir enamorada del tipo que me dejó hace tres meses y no tiene ni la más mínima idea de volver conmigo. Me da vergüenza ser tan débil y tan vulgar de andar, a esta altura, llorando por los rincones y mandándole mensajes desesperados mendigando un amor que él claramente ya no siente.
Yo, que me llevo tan bien con los hombres, en este caso me parece que me parezco a cualquier mujer. Los hombres son un poco más prácticos frente a las rupturas, ¿no? No se quedan metiendo el dedo en la llaga ni buscando razones. Quisiera ser más hombre en eso. Quisiera no seguir puteando y preguntándome por qué un tipo que te jura que sos la mujer de su vida con el tiempo se aburre. Quisiera saber en qué me equivoqué yo para que se aburra. Quisiera saber por qué el amor se termina siempre antes de un lado que del otro, porque si se nos terminara a los dos juntos, no habría uno que sufre más. Y bueno, seguro me va a dar mucha vergüenza ver todo esto publicado, pero espero que sirva para algo.
Yo no tengo tanta facilidad como Nati para describirles toda una historia y me cuesta mucho hablar de lo personal, así que seré lo más concreta y sintética posible.
Me da vergüenza estar enamorada. Me da vergüenza seguir enamorada del tipo que me dejó hace tres meses y no tiene ni la más mínima idea de volver conmigo. Me da vergüenza ser tan débil y tan vulgar de andar, a esta altura, llorando por los rincones y mandándole mensajes desesperados mendigando un amor que él claramente ya no siente.
Yo, que me llevo tan bien con los hombres, en este caso me parece que me parezco a cualquier mujer. Los hombres son un poco más prácticos frente a las rupturas, ¿no? No se quedan metiendo el dedo en la llaga ni buscando razones. Quisiera ser más hombre en eso. Quisiera no seguir puteando y preguntándome por qué un tipo que te jura que sos la mujer de su vida con el tiempo se aburre. Quisiera saber en qué me equivoqué yo para que se aburra. Quisiera saber por qué el amor se termina siempre antes de un lado que del otro, porque si se nos terminara a los dos juntos, no habría uno que sufre más. Y bueno, seguro me va a dar mucha vergüenza ver todo esto publicado, pero espero que sirva para algo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
