28.9.08

Un poco de autocrítica, por favoreeeee

Signorinas, todo muy lindo, todo muy cierto. Que competimos por la mirada de ellos, que nos asusta más la convivencia con nuestras congéneres que con los muchachos, que nos inquieta el escaneo receloso que nos hacen las otras ante el menor cambio de look… Pero más allá de todo ese análisis, no estaría bien ser un poco autocríticas y hablar de esas veces en que nosotras mismas somos jodidamente/estúpidamente competitivas?
Pecaré de frívola pero jamás de deshonesta: debo confesar que me importa poquísimo si hay otra más inteligente o más exitosa en lo profesional. Son categorías en que no compito, no me desvelan. Lo mío es más básico y pedestre: mi único objetivo es ser la más linda, las más seductora, la más atractiva, el epicentro mismo de todas las miradas, la que eclipsa a todas las demás cuando entra. No es algo sencillo, por supuesto. Puede ser realmente agotador la cantidad de energía que hay que poner en escena. Y aun así las probabilidades de frustración son altísimas, sobre todo cuando una no mide 1.70, ni tiene por medidas 90-60-90.
Cuando ya no hay chance porque la rival en cuestión me supera por varias cabezas sólo me quedan consolaciones patéticas, como sobrevalorar defectos insignificantes del tipo “tiene mal depiladas las cejas” o “toma mucho sol, va a tener piel de papiro de vieja”. La descalificación sistemática de la rival es mi única herramienta. Como verán no vengo muy evolucionada con el tema de la competencia. Sin embargo creo que mejoré bastante porque nunca padecí tanto este tema como en la adolescencia.
Mariana Suardi, ese era el nombre de mi archienemiga de esa época. Los tres meses de verano, de primero a quinto año, mi familia entera se instalaba en una casa alquilada en un country. Así que de los 13 a los 17 tuve convivencia obligada con una barrita adolescente tristísima al mejor estilo Cris Morena. Como siempre yo quería el protagónico, ser la bikini más mirada en la pileta, la novia del chico lindo, la pendeja por la que los winners se pelean y que los losers desahuciados de esperanzas desean. Pero ese papel ya tenía dueña. Mariana Suardi y su culo perfecto. Mariana Suardi y sus ojos almendra. Mariana Suardi y su pelo rubio publicitario. Mariana Suardi y su sonrisa perfecta.
No tardé mucho en darme cuenta que todo estaba perdido y antes de conformarme con un rol secundario me decreté directamente fuera de competencia. Ya que no iba a ser la prom queen, la gran diva, la reina, preferí retirarme del mercado. Ni boliches, ni salidas, ni deportes, ni pileta. Me recluía en mi casa a mirar tele, comer helado en cantidades industriales y todo tipo de comida grasienta. Cada verano, lo mismo: hibernación forzada hasta acumular unos ocho o nueve kilos de más, abulia y decadencia.
Por suerte a los dieciocho empecé a veranear con mis amigas y no tuve que cruzarme más con esa turra perfecta. Hace unos años me la encontré en un boliche y ya no la vi ni tan linda, ni tan sexy, ni tan inalcanzable. De hecho me quedé casi toda la noche bailando y charlando con ella. Fue un alivio. “Tengo superado el tema”, pensé al verla. Pero me estaba engañando. Bastante angustiada, Mariana me confesó que la tenía mal esto de estar sin pareja acercándose a los 30. Y es horrible decirlo pero instaneamente sentí una satisfacción tremenda. Yo no había superado nada, sólo la bajé del pedestal a ella.

26.9.08

La culpa la tienen ellos

A ver, me parece que lo que quiso hacer Alice fue poner un poco de orden en este desmadre. No me parece que necesariamente haya rotulado el asunto como  “rivalidad femenina”.  Como sea, me parece que está bueno que nos tire algunas líneas.

 Yo, hace unos años, suscribía al pie de la letra a todo lo que dice Gaby: siempre me entendí mejor con los varones. Me costaba encontrar chicas con las que sentirme una más. No sé, me parecía que por más carreras, intereses o lo que fuera que parecía apasionarlas,  todo moría en un proyecto  Susanita: casarse y tener hijos. No tengo nada en contra de eso pero me resisto a  aceptar que todo conduzca ahí.

En fin, con los años conocí otras mujeres y tal vez me reconcilié con alguns partes de mi femeneidad, no sé, pero  me di cuenta de que necesito el contacto con mujeres.  Que me hace bien.

Lo de la rivalidad es cierto aunque me parece que, a medida que crecemos, vamos viendo por dónde viene la cosa. Quiero decir, yo a esta altura no me banco a esas minas abiertamente competitivas. Sé que va a sonar a lugar común, pero estoy convencida de que eso de la rivalidad es un asunto que nos meten los varones. Porque es por la mirada de ellos por lo que competimos, no? La del padre, el jefe, el tipo lindo. Y porque estamos entrampadas ( tampoco digo nada nuevo) con eso de tener que ser todo: lindas, inteligentes, putas en la cama pero contenedoras afuera, divertidas pero no zarpadas…Es agotador.

Digan lo que digan, las minas no pedimos TODO del tipo que tenemos al lado. O, al menos no nos quejamos. Sabemos lo que compramos: al patova no le pedimos que escuche música decente ni queremos convertir  al intelectual en metrosexual. Y somos capaces de estar años con un tipo que nos coge bien sin que se nos arme ese choclo " puta vs madre de mis hijos".

O ésta seremos yo y mis amigas?


25.9.08

Mujeres vs. Mujeres

Después de los últimos posts de Violeta y Natalia, en la reunión de ayer Alicia nos preguntó a todos por qué creíamos que últimamente nos estábamos enfrentando en el blog. Con eso le dio pie a los varones para hacer el comentario obvio: “Típico de minas, competitivas, se matan entre ellas”. No es por defender a las chicas, pero hubiera querido decirles a todos que antes que hablar de lo que escribimos nosotras, se animen ellos también a contar lo que les pasa acá. Es fácil criticar desde afuera. Pero bueno, como consecuencia de todo esto, la “tarea” que nos dio Alicia fue reflexionar sobre la rivalidad femenina y compartir cada una su propia experiencia.
Yo tengo que reconocer que una de las razones por las que terminé metida un ámbitos de hombres (primero en el colegio y la facultad, ahora en el trabajo) tiene que ver un poco con este tema. Durante la adolescencia, veía que las chicas del club, por ejemplo, vivían evaluándose y criticándose entre sí y odiaba todo ese chusmerío. Los chicos eran más directos y sinceros, o eso me parecía. Es cierto que a veces esa “sinceridad” puede ser medio brutal… No es muy lindo que te digan eso de “una mujer sin tetas es un amigo” y cosas por el estilo. Pero al menos no van a estar comentando por detrás tuyo sobre la ropa que te pusiste o cómo te peinaste.
No digo que los hombres no sean competitivos, de eso puedo hablar también porque es algo con lo que me toca lidiar cada día en el trabajo. Pero creo que les tengo menos miedo a ellos que a ellas.

24.9.08

Aclaremos los tantos

1- Estoy de acuerdo en que esto está funcionando un poco como un diálogo de sordos y me hago cargo de mi tendencia a ponerme en el centro de atención desde el humor, desde lo histriónico, como sea. También es evidente que lo conseguí. Tal vez tendrías que rever por qué te molestó tanto como para tildar mi relato de "ingenioso". A ver si nos entendemos, conté algo que me preocupa, no estaba haciendo ficción.
2- Con respecto a lo que me pasa... Unas líneas más arriba ya hice mi descargo autocrítico sobre mi egocentrismo, no es un defecto menor y me gustaría trabajarlo. Por otra parte no veo por qué mis conflictos con los varones no son válidos como tema de terapia y en cambio sí lo es tu relación con tu novio.
3- Sobre eso de "se quedaron con la foto más pelotuda", me parece que deberías plantearte que si absolutamente nadie captó tu mensaje es porque no fuiste muy clara al emitirlo. Digo, esto no es un experimento literario como para que te pongas sutil y metafórica. Te ruego que seas más clara al expresarte. Tal vez no encontrás en nosotras interlocutores válidos, a tu altura intelectual, no sé...
4- Gaby, realmente me gustaría que participes. Me parece que estamos viviendo nuestra primera crisis como grupo y no es algo menor. Es evidente que tenemos que hablar urgente con Alice, que nos oriente sobre el funcionamiento y la utilidad de este blog. Si va a traer más conflictos que aportes para nuestro crecimiento, me parece que deberíamos pensar en cerrarlo.

23.9.08

Dazed and confused

Girls, la verdad estoy desorientada. Me parece a mí o esto es un diálogo de sordos? Cada una se embala con lo suyo y parece que las otras dos no hubieran dicho nada…..

Quiero decir, nadie va a decir nada de Gabriela? Es la primera vez que escribe algo que suena sincero, que se baja del caballo, que se abre, aunque haya necesitado varias líneas “ varoniles” y techis para arrancar. Bravo por ella!

Después, Nati….la verdad no sé qué decirte. Sabés que me caés súper y tengo que reconocer que tu post es ingenioso, pero si tengo que ser brutalmente honesta no entiendo el sentido, el para qué……lo leo y lo vuelvo a leer y nada más veo exhibicionismo. Igual que cuando te escucho y nunca termino de entender qué hacés en el grupo, qué es lo que te pasa, además de tu incontinencia verbal.

También me enojé. Las dos se quedaron con la foto más pelotuda: “ Violeta y su mascota”…….¡ yo no estaba hablando de mascotas! Tengo un novio con el que no sé si quiero o debería querer estar y ustedes se ponen a hablar de si es más barato tener una mac o una tortuga.

Sorry, pero tenía que decirlo.

20.9.08

Audaz se eleva

Chicas, la verdad es que yo no sé mascotas (hasta los diez años tuve una tortuga pero la regalé cuando me dijeron que las propietarias de esos bicharros se quedan solteras) ni mucho menos de computadoras. Pero retomando el post de Gaby, yo sí quiero una manual de instrucciones URGENTE! para entender a las personas, más especificamente al sexo opuesto. He aquí los sucesos que provocaron mis desconcierto absoluto. Para los escépticos, esos que criticaron mi estrategia de levante con el librero, les cuento que sí, que el muchacho llamó nomás. Sacó turno y se presentó en tiempo y forma en su sesión de masaje descontracturante. Yo había preparado el escenario como es habitual. Velita de vainilla, música relajante, la estufita eléctrica encendida. Todo estaba previsto para que al susodicho relajara sus cinco sentidos y no la pasara mal. (Vale aclarar que en exactas condiciones recibo a todos toditos mis pacientes). Su arribo fue correcto, ordenado. Algún intercambio verbal sobre la zona donde vivo, algún comentario sobre la deco de mi hogar, un breve diálogo sobre las molestias que lo aquejan. El asunto no era del todo relajado, pero el librero nunca se caracterizó por su facilidad para hablar. Como le sugiero siempre a mis pacientes, le dije que mientras yo resolvía otras cuestiones, se quitara la ropa, se recostara boca arriba y se tapara con una sábana prolijamente doblada sobre la camilla. Se supone que al paciente le da pudor sacarse la ropa delante del masajista, así que en la escuela nos entrenan para reproducir en cada sesión este ritual. A los cinco minutos el muchacho ya estaba en mis manos. Como siempre empecé por las plantas de los pies. No sé si saben que los pies hablan de las personas. Basta con ver un dedo gordo para detectar si uno tiene conflictos con la mamá o el papá, dificultades en los riñones o en la vesícula biliar. El diagnóstico era cantado: el librero es un muchacho estresado, sufre dolores de cabeza recurrentes y su aparato digestivo es una máquina de somatizar. Satisfecha con mi lectura avancé por las piernas. Supongo que no hace falta aclarar que mi enfoque fue absolutamente profesional. Fui combinando técnicas de masaje californiano y shiatsu, convencida de que así iba a conseguir que el flujo de energía de su cuerpo se iba a armonizar. Lo que registré después no me escandalizó, ni me resultó ninguna novedad. Es relativamente frecuente cuando una atiende varones que asome enhiesta una erección. Involuntaria, incómoda e inevitable, la repentina aparición estelar genera todo tipo de inquietudes en el paciente y a veces también en el profesional. Pero qué se hace en esos casos? Qué indica el manual? Muchas veces los susodichos actúan como si nada hubiera sucedido. Maravilloso, no hay mucho de que hablar. Otras hacen algún comentario gracioso, como para salir del paso. También ahí me manejo bien con mis remates ingeniosos, soy la masajista canchera, incapaz de naufragar en las aguas del pudor sexual. Pero algunas otras, los muchachos se muestran visiblemente incómodos, y se los tranquiliza explicandoles que es algo normal, que pasa seguido, que no ofende a nadie, que es natural. Intenté con cada una de esas líneas, sin embargo no hubo caso, mi librero pudoroso no entró en razones, sonrojado como una adolescente casta y virgen, se incorporó y empezó a vestirse. Para colmo se le caían las cosas, se puso torpe y ni siquiera me podía mirar. Yo, incomodísima ensayaba nuevos argumentos que lo pudieran tranquilizar, eso lo ponía peor, lo aceleraba más. Se fue dando un portazo, con el sueter escote en V puesto al revés y cara de susto total. Y yo me quedé sola, abrumada por el desconcierto. ¿Este chico estará poseído por una Carmelita descalza o simplemente es un aparato difícil de clasificar? ¿Será que la impudicia se apoderó de mí y me distorsionó el sentido de la moral sexual? En fin, insólito. Consiguió que la pasara mal.